MAR DE AZUCAR
¿Qué pasaría si el agua del mar tuviera azúcar en vez de sal? ¿Iriamos más a la playa? ¿O lo mismo?
A veces, cuando conocemos una persona que nos hace sentir mariposas en el estómago nos replanteamos un dilema parecido.
Si todo en esta vida, en el amor concretamente, tuviera sabor a azúcar no tendríamos miedo a lanzarnos, pero desgraciadamente en la vida siempre hay azucar y sal.
Si, lo admito, hoy va de sabores.
Y yo que ahora estoy pasando por el momento más amargo de mi vida al que también le encuentro sus puntos dulces, tan dulces que me queman el paladar.
No, no tengo sexo ni nada.
El sexo es cómo un caramelo que lo disfrutas mientras lo tienes en la boca, que te deja un sabor dulce pero acaba marchandose.
El amor sin embargo, es un caramelo inacabable de esos que tienen partes que pican pero sigues degustandolo porque sabes que volverá el dulce sabor.
Y quién sabe, quizá sea un caramelo de esos que al final tengan de premio un chicle y encima que te endulza la boca lo estás masticando...
¡Que cursi y empalagosa me pongo!
Quizá es que ayer me regalaron un trozo de roscón de navida vía e-mail y todavía tengo su sabor en la boca. ;)
Siento haber tardado tanto en actualizar, el lado amargo de mi vida me está absorviendo todo. Como la nada.
Algún día os lo contaré.
ZNGº (Tengo rojitas las orejas ¿sabías?)
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